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domingo, 2 de noviembre de 2014

El gobierno de Evo Morales y la asombrosa transformación de Bolivia: Ignacio Ramonet


Bolivia está cambiando


Para el viajero que vuelve a Bolivia varios años después y camina despacito por las empinadas calles de La Paz, ciudad encaramada entre barrancos escarpados a casi cuatro mil metros de altitud, los cambios saltan a la vista: ya no se ven personas mendigando ni vendedores informales pululando por las aceras. Se percibe que hay pleno empleo. La gente va mejor vestida, luce más sana. Y el aspecto general de la capital se ve más esmerado, más limpio, más verde y ajardinado. Se nota el auge de la construcción. Han surgido decenas de altos edificios llamativos y se han multiplicado los modernos centros comerciales, uno de los cuales posee el mayor complejo de cines (18 salas) de Sudamérica.

Pero lo más espectacular son los sensacionales teleféricos urbanos de tecnología (1) futurista que mantienen sobre la ciudad un permanente ballet de coloridas cabinas,  elegantes y etéreas como pompas de jabón. Silenciosas y no  contaminantes. Dos líneas funcionan ya, la roja y la amarilla; la tercera, la verde, se inaugurará en las próximas semanas, creando así una red interconectada de transporte por cable de once kilómetros, la más larga del mundo, que permitirá a decenas de miles de paceños ahorrarse un promedio de dos horas diarias de tiempo de transporte.

“Bolivia cambia. Evo cumple” afirman unos carteles en la calle. Y cada cual lo constata. El país es efectivamente otro. Muy distinto al de hace apenas un decenio, cuando estaba considerado “el más pobre de América Latina después de Haití”. En su mayoría corruptos y autoritarios, sus gobernantes se pasaban la vida implorando préstamos a los organismos financieros internacionales, a las principales potencias occidentales o a las organizaciones humanitarias mundiales. Mientras las grandes empresas mineras extranjeras saqueaban el subsuelo, pagándole al Estado regalías de miseria y prolongando el expolio colonial.

País relativamente poco poblado (unos diez millones de habitantes), Bolivia posee una superficie de más de un millón de kilómetros cuadrados (dos veces Francia). Sus entrañas rebosan de riquezas: plata (piénsese en Potosí…), oro, estaño, hierro, cobre, zinc, tungsteno, manganeso, etc. El Salar de Uyuni tiene la mayor reserva de potasio y litio del mundo, este último considerado la energía del futuro. Pero la principal fuente de ingresos hoy la constituye el sector de los hidrocarburos, con las segundas mayores reservas de gas natural de América del Sur, y petróleo, aunque en menor cantidad (unos 16 millones de barriles anuales).

El crecimiento económico de Bolivia en estos últimos nueve años, desde que gobierna Evo Morales, ha sido sensacional, con una tasa promedio del 5% anual… En 2013, el PIB llegó a crecer hasta el 6,8% (2), y en 2014 y 2015, según  las previsiones del FMI, también será superior al 5%… El porcentaje más elevado de América Latina (3). Y todo ello con una inflación moderada y controlada, inferior al 6%.

El nivel de vida general se ha duplicado (4). El gasto público, a pesar de las importantes inversiones sociales, también está controlado; hasta el punto de que el saldo en cuenta corriente ofrece un resultado positivo con un superávit fiscal de 2,6% (en 2014) (5). Y aunque las exportaciones, principalmente de  hidrocarburos y de productos de la minería, representan un papel importante en esta bonanza económica, es la demanda interna (+5,4%) la que constituye el principal motor del crecimiento.

En fin, otro éxito inaudito de la gestión del ministro de Economía, Luis Arce: las reservas internacionales en divisas de Bolivia, con respecto al PIB, alcanzaron el 47% (6), situando a este país, por primera vez, a la cabeza de América Latina, muy por delante de Brasil, México o Argentina. Evo Morales ha señalado que, de país estructuralmente endeudado, Bolivia podría pasar a ser prestamista, y ha revelado que ya “cuatro Estados de la región”, sin precisar cuáles, se han dirigido a su Gobierno pidiéndole créditos…

En un país en el que más de la mitad de la población es originaria, Evo Morales es el primer indígena, en los últimos cinco siglos, que alcanzó, en enero de 2006, la presidencia del Estado. Y desde que asumió el poder, este presidente diferente desechó el “modelo neoliberal” y lo cambió por un nuevo “modelo económico social comunitario productivo”. Nacionalizó, a partir de mayo de 2006, los sectores estratégicos (hidrocarburos, minería, electricidad, recursos ambientales) generadores de excedentes e invirtió una parte de estos excedentes en los sectores generadores de empleo (industria, manufactura, artesanía, transporte, desarrollo agropecuario, vivienda, comercio, etc.). Y consagró otra parte de esos excedentes a la reducción de la pobreza mediante políticas sociales (enseñanza, sanidad), incrementos salariales (a los funcionarios y trabajadores del sector público), estímulos a la inclusión [bono Juancito Pinto (7), renta dignidad (8), bono Juana Azurduy (9)] y políticas de subvenciones.

Los resultados de la aplicación de este modelo se reflejan no solo en las cifras expuestas aquí arriba, sino en un dato bien explícito: más de un millón de bolivianos (o sea, el 10% de la población) han salido de la pobreza. La deuda pública, que representaba el 80% del PIB, se redujo a apenas el 33% del PIB. La tasa de desempleo (3,2%) es la más baja de América Latina, hasta tal punto que miles de bolivianos emigrados en España, Argentina o Chile empiezan a regresar, atraídos por la facilidad de empleo y el notable incremento del nivel de vida.

Además, Evo Morales ha emprendido la construcción de un verdadero Estado, hasta ahora más bien virtual. Hay que reconocer que la inmensa y torturada geografía boliviana (un tercio, altas montañas andinas, dos tercios, tierras bajas tropicales y amazónicas) así como la fractura cultural (36 naciones etno-lingüísticas) nunca facilitaron la integración y la unificación. Pero, lo que no se hizo en casi dos siglos, el presidente Morales está decidido a llevarlo a cabo acabando con la dislocación. Primero, promulgando una nueva Constitución, adoptada por referéndum, que establece por vez primera un “Estado plurinacional” y reconoce los derechos de las diferentes naciones que conviven en el territorio boliviano.  Y luego lanzando una serie de ambiciosas obras públicas (carreteras, puentes, túneles) con el objetivo de conectar, articular, comunicar regiones dispersas para que todas ellas y sus habitantes se sientan parte de un todo común: Bolivia. Nunca se había hecho. Y por eso hubo tantas tentativas de secesión, separatismo y de fraccionamiento.

Hoy, con todos estos éxitos, los bolivianos se sienten –quizás por vez primera– orgullosos de serlo. Orgullosos de su cultura originaria y de sus lenguas vernáculas. Orgullosos de su moneda que cada día se valoriza más con respecto al dólar. Orgullosos de tener el crecimiento económico más alto y las reservas de divisas más importantes de América Latina. Orgullosos de sus realizaciones tecnológicas como esa red de teleféricos de última generación, o su satélite de telecomunicaciones Túpac Katari, o su canal de televisión pública Bolivia TV (10).

Este canal, que dirige Gustavo Portocarrero, realizó, el 12 de octubre pasado, día de las elecciones presidenciales, una impactante demostración de su maestría tecnológica conectándose en directo –a lo largo de más de 24h ininterrumpidas– con sus enviados especiales en unas 40 ciudades en todo el mundo (Japón, China, Rusia, la India, Irán, Egipto, España, etc.) en las que votaban, por primera vez, los bolivianos residentes en el extranjero. Una proeza técnica y humana que pocos canales de televisión en el mundo serían capaces de realizar.

Todas estas hazañas –económicas, sociales, tecnológicas– explican en parte la rotunda victoria de Evo Morales y de su partido (Movimiento al Socialismo, MAS) en las elecciones del pasado 12 de octubre (11). Icono de la lucha de los pueblos indígenas y originarios de todo el mundo, Evo ha conseguido romper, con este nuevo triunfo, varios graves prejuicios. Demuestra que la gestión de gobierno no desgasta, y que después de nueve años en el poder, cuando se gobierna bien, se puede volver a ganar holgadamente. Demuestra, contrariamente a lo que afirman racistas y colonialistas, que “los indios” saben gobernar, y hasta pueden ser los mejores gobernantes que jamás haya tenido el país. Demuestra que, sin corrupción, con honestidad y eficiencia, el Estado puede ser un excelente administrador, y no –como lo pretenden los neoliberales– una calamidad sistemática.  En fin, demuestra que la izquierda en el poder puede ser eficiente, que puede llevar a cabo políticas de inclusión y de redistribución de la riqueza sin poner en riesgo la estabilidad de la economía.

Pero esta gran victoria electoral también se explica por razones políticas. El presidente Evo Morales consiguió derrotar, ideológicamente, a sus principales adversarios reagrupados en el seno de la casta empresarial de la provincia de Santa Cruz, principal motor económico del país. Este grupo conservador que lo intentó todo contra el presidente, desde la tentativa de secesión hasta el golpe de Estado, ha acabado por rendirse y por sumarse en definitiva al proyecto presidencial, reconociendo que el país ha puesto rumbo hacia el desarrollo.

Es una victoria considerable que el vicepresidente Álvaro García Linera explica en estos términos: “Se logró integrar al oriente boliviano y unificar el país, gracias a la derrota política e ideológica de un núcleo político empresarial ultraconservador, racista y fascista, que conspiró por un golpe de Estado y trajo a gente armada para organizar una secesión del territorio oriental. En segundo lugar, estos nueve años han mostrado a las clases medias urbanas y sectores populares cruceños que tenían desconfianza, que hemos mejorado sus condiciones de vida, que respetamos lo construido en Santa Cruz y sus particularidades. Por supuesto, somos un Gobierno socialista, de izquierdas y dirigido por indígenas. Pero tenemos la voluntad de mejorar la vida de todos. Nos hemos enfrentado a las empresas petroleras extranjeras, igualmente a las de energía eléctrica, y las hemos golpeado para luego, con esos recursos, potenciar al país, fundamentalmente a los más pobres, pero sin afectar lo que poseen las clases medias o el sector empresarial. Por eso pudo realizarse un encuentro entre Gobierno y Santa Cruz muy fructífero. Nosotros no cambiamos de actitud, seguimos diciendo y haciendo lo mismo que hace nueve años. Los que han cambiado de actitud frente a nosotros son ellos. A partir de ahí empieza esta nueva etapa del proceso revolucionario boliviano, que es el de la irradiación territorial y la hegemonía ideológica y política. Ellos empiezan a entender que no somos sus enemigos, que si hacen economía sin meterse en política les va a ir bien. Pero si, como corporaciones, tratan de ocupar las estructuras del Estado y quieren combinar política con economía, les va a ir mal. Así como no puede haber militares que también tengan el control civil, político, porque ya tienen el control de las armas”.

En su despacho del Palacio Quemado, el ministro de Presidencia, Juan Ramón Quintana, me lo explica con una consigna: “Derrotar e integrar”. “No se trata  –me dice– de vencer al adversario y de abandonarlo a su suerte, corriendo el riesgo de que se ponga a conspirar con su resentimiento de vencido y se lance a  nuevas intentonas golpistas. Una vez derrotado, hay que incorporarlo, darle la oportunidad de sumarse al proyecto nacional en el que caben todos, a condición de que cada cual admita y acate que la dirección política, por decisión democrática de las urnas, la llevan Evo y el MAS”.

¿Y ahora? ¿Qué hacer con una victoria tan aplastante? “Tenemos un programa (12) –afirma tranquilo Juan Ramón Quintana– queremos erradicar la pobreza extrema, dar acceso universal a los servicios básicos, garantizar salud y educación de calidad para todos, desarrollar la ciencia, la tecnología y la economía del conocimiento, establecer una administración económica responsable, tener una gestión pública transparente y eficaz, diversificar nuestra producción, industrializar, alcanzar la soberanía alimentaria y agropecuaria, respetar a la Madre Tierra, avanzar hacia una mayor integración latinoamericana y con nuestros socios del Sur, integrar el Mercosur, y alcanzar nuestro objetivo histórico, cerrar nuestra herida abierta: recuperar nuestra soberanía marítima y la salida al mar” (13).

Por su parte, el presidente Morales ha expresado su deseo de que Bolivia se convierta en el “corazón energético de América del Sur” gracias a sus enormes potencialidades en energías renovables (hidroeléctrica, eólica, solar, geotérmica, biomasa) además de los hidrocarburos (petróleo y gas), lo que se completaría con la energía atómica civil producida por una central nuclear de próxima adquisición.

Bolivia cambia. Va para arriba. Y su prodigiosa metamorfosis aún no ha terminado de sorprender al mundo.

Notas

(1) La empresa constructora es la sociedad austríaca Doppelmayr-Garaventa.
(2) Léase Economía Plural, La Paz, abril de 2014.
(3) Léase Página Siete, La Paz, 12 de octubre de 2014.
(4) Entre 2005 y 2013, el PIB per capita creció más de dos veces (de 1.182 dólares a 2.757 dólares). Bolivia dejó de ser un “país de bajos ingresos” y fue declarado “país de ingresos medios”. Léase “Bolivia, una mirada a los logros más importantes del nuevo modelo económico”, en Economía Plural, La Paz, junio de 2014.
(5) El buen manejo de las finanzas públicas ha permitido a Bolivia situarse como el segundo país con mayor superávit fiscal de América Latina en los últimos ocho años.
(6) En cifras absolutas, las reservas internacionales de Bolivia son de unos 16.000 millones de dólares. El PIB, en 2013, fue de unos 31.000 millones de dólares.
(7) De una suma de 200 bolivianos anuales (23 euros), se entrega por cada alumno/a de primaria y secundaria, de la enseñanza pública, que haya seguido con asiduidad todos sus cursos. Su objetivo es luchar contra el abandono escolar.
(8) Una pensión que cobran todos los bolivianos a partir de los 60 años, incluso aquellos que nunca pudieron cotizar a una caja de pensiones.
(9) Una asistencia económica de 1.820 bolivianos (unos 215 euros) que se entrega a las  mujeres embarazadas y por cada niño y niña de menos de 2 años, con la intención de disminuir los índices de mortalidad infantil y materna.
(10) http://www.mixbolivia.com/2013/08/ver-en-vivo-canal-bolivia-tv.html
(11) Léase Atilio Borón, “¿Por qué ganó Evo?”, América Latina en movimiento, ALAI, Quito, 13 de octubre de 2014.
(12) Agenda patriótica 2025: la ruta boliviana del vivir bien, En 2025 se cumple el bicentenario de la independencia y fundación de Bolivia.
(13) Bolivia ha recurrido al Tribunal Internacional de Justicia de La Haya. Léase El libro del mar, Ministerio de Relaciones Exteriores, La Paz, 2014.

miércoles, 15 de octubre de 2014

“El gobierno estadounidense ordenó asesinar al Che Guevara”, Michael Steven Smith



“El gobierno estadounidense ordenó asesinar al Che Guevara”, Michael Steven Smith


Este abogado neoyorquino intregra el Centro para los Derechos Constitucionales, una organización sin fines de lucro que litiga a favor de los derechos humanos, y escribió junto con Michael Ratner el libro ¿Quién mató al Che, basado en los documentos que obtuvo de la CIA.

Por Silvina Friera
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“En el contexto histórico de fines de la década del ‘60, el asesinato del Che era el gran negocio de la CIA”, afirma Michael Steven Smith.

La batalla contra la manipulación de la información, el ocultamiento y la falsificación continúa. “Las manos limpias”, ahora se puede comprobar con la documentación apabullante desplegada en ¿Quién mató al Che? (Paidós), de Michael Ratner y Michael Steven Smith, están manchadas de sangre. “Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado.” Esta frase de George Orwell ilustra la práctica de la “negación plausible”, una forma de sistematizar la mentira a la que apeló la CIA (Agencia Central de Inteligencia) para desligarse del asesinato del Che Guevara en Bolivia, el 9 de octubre de 1967. La versión inicial de su muerte, tal como la presentaron los militares bolivianos, fue que había muerto en medio de la batalla. Luego se supo que había caído prisionero y había sido fusilado. El presidente Lyndon Johnson afirmó que la orden de matarlo había sido emitida por el alto mando del gobierno boliviano y no por los Estados Unidos. Smith, abogado neoyorquino que integra el Centro para los Derechos Constitucionales, una organización sin fines de lucro que litiga a favor de los derechos humanos, plantea que “los documentos incluidos en el libro muestran que el gobierno estadounidense dio la orden directa de asesinar al Che”.
Hace muchos años, Ratner, abogado especializado en derechos humanos y ex presidente del Centro para los Derechos Constitucionales, le solicitó al gobierno estadounidense, en virtud de la Ley de Libertad de Información, todos los documentos sobre el Che Guevara que tienen el FBI, la CIA, el Departamento de Defensa y la Casa Blanca. Luego de algunos años recibió una caja enorme del FBI. Smith y Ratner leyeron juntos todo ese material y en 1997 publicaron El Che Guevara y el FBI: el expediente de la policía política estadounidense sobre el revolucionario latinoamericano. “Cuando menos lo esperábamos, después de diez años, llegó otra vez una enorme caja con más documentos de la CIA, de la Casa Blanca y el Departamento de Defensa –cuenta Smith a Página/12–. Pudimos comprobar que el Che fue asesinado por la CIA con la colaboración de su Estado cliente de Bolivia, la dictadura militar de René Barrientos. En la década del ’60, los líderes del ejército boliviano habían sido entrenados en la Escuela de las Américas en Panamá, sarcásticamente conocida como ‘la escuela de los golpes’.”
La pasión de Smith por demostrar que no fue un crimen común y corriente es quijotesca. “La Revolución Cubana fue una victoria del pueblo al tomar el control de su propia economía; fue el Che Guevara quien escribió la Ley de Reforma Agraria. La tierra en Cuba era mayoritariamente propiedad de las corporaciones estadounidenses. El pueblo de Cuba, conforme al derecho internacional, nacionalizó esas tierras y le ofreció pagarles a los estadounidenses lo que ellos decían que esa tierra valía, según los impuestos que pagaban. Pero los estadounidenses dijeron que no y como propietarios de las refinerías de petróleo se rehusaron a refinar petróleo; entonces el pueblo cubano no tenía energía y esto amenazó la estabilidad de su economía. Por eso el gobierno cubano nacionalizó las refinerías de petróleo, las minas de níquel y las compañías telefónicas y esto fue lo que se convirtió en la Revolución Cubana. El gobierno estadounidense intentó aislar a Cuba y aquellos países de América latina que se resistieron a Estados Unidos pagaron un precio muy alto”, explica este abogado que vive en Nueva York junto a su esposa Debby y su loro hablador Charlie Parker. Smith tenía 25 años aquel 9 de octubre de 1967 en que mataron al Che; estaba cursando Derecho en la Universidad de Wisconsin. “Apoyé y apoyo la Revolución Cubana –afirma–. A diferencia de los partidos comunistas tradicionales que estaban alineados con Moscú, que practicaban la coexistencia pacífica y colaboraban con el imperialismo, el Che era un internacionalista que comprendió que el imperialismo tenía que ser resistido y derrotado. Su ejemplo continúa siendo una inspiración para muchos jóvenes que quieren un mundo mejor.”
–¿Cuál es el precio que pagaron aquellos países de América latina que intentaron resistir las políticas de los Estados Unidos?
–En Bolivia, en 1964, el gobierno democrático de Víctor Paz Estenssoro fue derrocado por el golpe de René Barrientos; luego sufrieron golpes Brasil, Uruguay, Chile y finalmente la Argentina en 1976. El gobierno cubano intentó defenderse al extender la Revolución Cubana. Eso es lo que estaba haciendo el Che en Bolivia. Como los guerrilleros en la Sierra Maestra pudieron derrocar a la dictadura de (Fulgencio) Batista, respaldada por los Estados Unidos, el Che pensó que la Cordillera de los Andes sería la Sierra Maestra de Bolivia y que la revolución se diseminaría a Chile, la Argentina y así sucesivamente. El Che eligió Bolivia porque era el gobierno más inestable de Latinoamérica, con un ejército muy débil que no tenía servicio de inteligencia. La CIA lo estaba buscando hasta que en mayo del ’67, cuando supieron dónde estaba, un agente de la CIA, Gustavo Villoldo, voló a La Paz, donde se encontró con Barrientos y le dijo: “Cuando atrapes al Che, queremos que lo maten”. Barrientos le dio su palabra: “Cuando lo capturemos, vamos a ejecutarlo”. En el contexto histórico de fines de la década del ’60, el asesinato del Che era el gran negocio de la CIA.
–¿Por qué?
–Estados Unidos participó de los asesinatos o intentos de asesinatos de Kim Koo, líder coreano de la oposición; Sukarno, presidente de Indonesia; Gamal Abdel Nasser, presidente de Egipto (1957); José Figueres, presidente de Costa Rica (en los años ’50 y ’60); Patrice Lumumba, primer ministro del Congo, entre otros. También intentó asesinar al Che Guevara anteriormente y por supuesto a Fidel Castro. En 1962, la CIA arregló con Johnny Rosselli, uno de los líderes de la mafia de Chicago, envenenar al Che. Le dieron píldoras de veneno a un contrarrevolucionario cubano que estaba en Miami, pero el intento falló. A Félix Rodríguez, uno de los agentes de la CIA que fue entrevistado por el Congreso estadounidense, se le hizo la siguiente pregunta: “¿Es verdad que intentó asesinar a Fidel Castro con un cigarrillo explosivo?”. Rodríguez respondió: “No, intenté matar a ese hijo de puta con un rifle de alto calibre”. Cuando supieron que el Che estaba en Bolivia, no sólo Gustavo Villoldo se reunió con Barrientos, sino que una cantidad de oficiales de alto rango viajó a Bolivia para arreglar un entrenamiento para los militares bolivianos, de hecho firmaron un documento llamado “Memorándum de entendimiento”, que está incluido en el libro. El contrato requería que Bolivia proporcionara un lugar para entrenar a los soldados y los Estados Unidos tenían que hacer el resto. Viajaron hasta Bolivia 19 boinas verdes con experiencia en contrainsurgencia en Vietnam para entrenar al 2º Batallón de Rangers del Ejército Boliviano, que fue el batallón responsable de rodear y capturar al Che hace 47 años. Rodríguez se regocija de haber dicho que fue él quien encontró al Che. El y Gustavo Villoldo se vistieron con uniformes del ejército boliviano y estuvieron en la búsqueda del Che junto con los soldados bolivianos. Cuando el Che fue herido y desarmado, se lo llevó a una pequeña escuela en el pueblo de La Higuera. Rodríguez intentó interrogarlo, pero el Che no quiso. Al día siguiente, la promesa que Barrientos le había hecho a Villoldo fue ejecutada.
–¿Cómo explica que el gobierno de Estados Unidos nunca admitió públicamente que había asesinado al Che?
–El pretexto que utilizaba era que en el ojo de la opinión pública debían tener las manos limpias y ningún tipo de responsabilidad. No quería que se los conociera como un gobierno que practicaba y ejecutaba asesinatos. Cuando la CIA se estableció por primera vez en 1947, su misión era proporcionar servicios de inteligencia al presidente. Al año siguiente, se convirtió en una organización paramilitar que quebraba la ley, pero tenía que hacerlo en silencio. Desarrollaron un concepto que ellos llamaban “negación plausible”, un término orwelliano. El Comité Church, que intentaba investigar los asesinatos cometidos por la CIA, le preguntó a Richards Helms, que fue líder de la CIA, si alguna vez le dijeron al presidente lo que hacían. Y Helms contestó que no, que nunca, que no querían poner al presidente en una situación embarazosa. Un crimen de guerra, como fue el crimen del Che, no prescribe. A diferencia de otros actos ilegales, no hay límite en el tiempo en que un asesino puede ser enjuiciado; en virtud de la ley el asesino no es el único responsable. También son responsables las personas que ordenaron el asesinato del Che y las personas que lo encubrieron. Si se cumpliera la ley en Estados Unidos, Gustavo Villoldo y Félix Rodríguez serían procesados, enjuiciados y si se los declarara culpables, estarían en prisión. La CIA mantenía en secreto los asesinatos. Ahora justamente no es el caso.
–¿A qué se refiere?
–La CIA abiertamente afirma que asesina a personas que ellos denominan “terroristas”. A veces usan aviones no tripulados para cometer estos asesinatos; hay jóvenes que manejan estos aviones a control remoto en una base que está afuera de Las Vegas, jóvenes que son muy buenos con los videojuegos. Todos los martes el líder de la CIA se encuentra con el presidente (Barack) Obama en la Casa Blanca y revisan una lista de personas que ellos consideran que deben asesinar. Tienen unas tarjetas con el nombre de cada persona, fotografías y una pequeña biografía. Estos encuentros se conocen como “los martes de terror”. Mi organización, el Centro para Derechos Constitucionales, inició un juicio en nombre de Anwar al Awlaki, cuyo hijo adolescente, ciudadano estadounidense de origen musulmán, estaba entre los objetivos de la CIA, pero hasta ese entonces no lo habían encontrado. Iniciamos un juicio para limitar a la CIA y que no mate al hijo, el juez no entendió en esta causa y la CIA asesinó al hijo. Esto muestra qué tan lejos ha llegado los Estados Unidos en la violación del imperio de la ley.
–¿En qué sentido cree que el Che sigue siendo una inspiración?
–El Che permanece vivo en las nuevas políticas de independencia y solidaridad de Latinoamérica. El ejemplo más reciente ocurrió en Ginebra cuando el canciller Héctor Timerman pronunció un discurso en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en el que condenó a los Estados Unidos por su actividad predatoria en cuanto a los fondos buitre. En ese Consejo, 30 de los 35 países respaldaron a la Argentina. El canciller Timerman dijo que es un asunto de derechos humanos porque los fondos buitre están atentando contra las escuelas y los hospitales, que están creando inestabilidad y violencia. Los representantes estadounidenses dijeron que los derechos humanos no tienen nada que ver con la deuda soberana. Tengo una historia muy graciosa para ilustrar la arrogancia estadounidense. La CIA siguió al Che desde que se encontraba en Guatemala, antes de la Revolución Cubana. Cuando abrieron el expediente que se convirtió en el más grande de la historia que tienen en la CIA, lo siguieron de México a Cuba y hasta Bolivia. Cuando estaba en la Sierra Maestra en 1956, la CIA infiltró un agente en el campamento del Che que durmió en la misma carpa donde durmió el Che, y lo observó durante una semana. Tenemos el documento que escribió para la CIA. El informó que el Che tenía mal olor, que fumaba cigarros y que todas las noches les leía libros de literatura a sus hombres y que parecía “bastante inteligente para ser latino”...
–¿Es difícil para usted defender los derechos humanos en Estados Unidos cuando los sucesivos gobiernos de su país han violado sistemáticamente los derechos humanos?
–Sí, es muy difícil. Desde el 11 de septiembre (de 2001), el imperio de la ley ha estado subordinado a las órdenes del presidente como jefe del ejército. Establecieron un área sin ningún tipo de legislación en Guantánamo, donde los hombres que están allí todavía no han sido acusados de ningún crimen ni tampoco se los ha sometido a ningún tipo de juicios. Todos los juicios que el Centro para los Derechos Constitucionales ha iniciado para restaurar el imperio de la ley han sido perdidos. La ironía es que Estados Unidos sigue utilizando la premisa de los derechos humanos y se presenta como el único país del mundo que defiende los derechos humanos, aunque constantemente los está violando. El presidente Obama está inmerso en la séptima guerra en seis años y ninguna de ellas ha sido votada por el Congreso estadounidense, con la posible excepción de la guerra contra Afganistán. Pero las cosas están cambiando...
–¿Qué es lo que está cambiando?
–La teoría de que el capitalismo es el único sistema que puede proporcionar una mejor calidad de vida y que es el único compatible con la democracia no es verdad y cada vez más personas se están dando cuenta de esto. La última prueba es una encuesta de opinión pública, realizada hace tres años por Pew (Pew Research Center), que reveló que el 49 por ciento de los jóvenes menores de 30 años tiene una reacción favorable a la palabra socialismo. Están comenzando a entender que el capitalismo no funciona para ellos. Que funciona para el uno por ciento de la población más rica, pero no para el resto.

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