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domingo, 23 de febrero de 2014

¿Qué es el sifrinaje?






Para comprender el sifrinaje 

(Etnografía de la rebelión de élites en Venezuela)

20 de febrero de 2014


El sifrinaje es el ethos cultural sedimentado por diferentes oleadas de migraciones europeas a Venezuela. Ciertamente la oposición actual tiene componentes populares provenientes del “ascenso social” de un Estado adeco y un país petrolero. Pero el “sifrinaje” es el sujeto que dirige, financia e impone los criterios últimos  en la oposición política.  Anteriormente llamado “mantuanaje” ha ocupado históricamente la cúpula de la obtención de riqueza y reacciona con virulencia ante cualquier intento de democratización social.
El chavismo es el sujeto político que emerge para confrontar la pretensión de perpetuación de poder de las élites quienes se ampararon en una forma de comprensión del “acontecimiento-Chávez” desde la inmediata “patologización del chavismo”; del chavismo como “enfermedad”, como “populismo”, “demagogia”, “ignorancia”. El chavismo dotó de sentido a partidarios y detractores, poniendo los temas de clase, procedencia y gusto en el centro de la diatriba.   
Lo explica desde la lógica norteamericana el intelectual republicano David Frum en su artículo  Venezuela: ¿abandonará el Chavismo?: “nadie había sido mejor vocero de los resentimientos y anhelos de sus clases subordinadas que Hugo Chávez. En una nación cuya élite históricamente parecía europea, el rostro de Chávez proclamaba su ascendencia indígena y esclavos africanos. Él bromeaba, se enfurecía, le concedía favores a los barrios y se hizo enemigo de las tradicionales clases altas” (http://mexico.cnn.com/opinion/2014/02/18/opinion-venezuela-abandonara-el-chavismo) En palabras anglosajonas aquí lo que hay es una rebelión de “los marrones” como define ese saber occidental el indiaje y negraje devenido “pardaje” como sujeto histórico-político de todo el Caribe como muy bien nos lo describe Juan Bosch.    
Briceño León cuando afirma que la “sociedad venezolana es vergonzosamente racista” investiga a las “clases 1: los ricos” y descubre  que sus miembros son “blancos-blancos”, o “blancos europeos” y que en Venezuela hay una relación proporcionalmente inversa entre capital y negritud. Su tesis es que “a mayor capital existe menor oscuridad en la piel” y que el ascenso social queda reducido a determinadas actividades económicas pero nunca a todas, “nunca a la mediana o gran industria” por ejemplo. En su investigación demuestra que es en las “clases 2: los nuevos ricos” y la Clase 3: “la clase media en ascenso” donde los “oscuros de piel” comienzan a pasar “los filtros sociales con más facilidad” (Las clases sociales en Venezuela, pág 151). La Clase Alta posee una fuerte influencia en las capas medias, “recién ascendidos” y los llamados “nuevos ricos” quienes tienen varias generaciones en la cúpula económica nacional pero sin el “linaje” exigido para ser incorporados a la Clase propiamente Alta, culturalmente Alta. Este complejo social permite hablar de Clases Altas y alinear en ese concepto a las clases medias donde se produce el sifrinismo como ideología.
Por su parte, explicará el filósofo Briceño Guerrero que  “el discurso mantuano (occidental-europeo) en lo material está ligado a un sistema social de nobleza heredada, jerarquía y privilegio que en la práctica (…) solo dejó como vía de ascenso socioeconómico la remota y ardua del blanquiamiento racial y la occidentalización cultural a través del mestizaje y la educación, doble vía exasperante, sembrada de obstáculos legales y prejuicios escalonados” (El laberinto de los tres minotauros, pág: VIII)
El sifrinaje entonces lleva decenas de generaciones viviendo en el país y nunca ha permitido el “entrecruzamiento racial”, (ni siquiera con los “orilleros” como aun hoy denominan a los europeos que no tienen “linaje”) y solo buscan filiación con las familias que llegaron en diferentes oleadas de castas del Norte de Europa:  Phellps, Vollmer, Blonh, Zing, por poner los ejemplos más notorios. Ese cerramiento familiar lleva a algunos a hablar de “taras” lo que siempre fue uno de los rumores clásicos entre los sectores populares para “burlarse” de sus opresores. Pero también se convirtió en tesis doctoral que llevó a la expulsión del psiquiatra e historiador Herrera Luque de la Facultad de medicina de la UCV.
Sifrinismo en la coyuntura (etnografía de la Alta cultura)
Ese sifrinismo es el que se manifiesta hoy, a principios de 2014, en las calles de sus lujosas y bien dotadas urbanizaciones. Lo que estas manifestaciones permiten visualizar es eso que Herrera Luque llamó el “ser mantuano” y la adherencia de sus nuevas generaciones que llevan por Rostro los estudiantes de universidades privadas y públicas de altísimo presupuesto financiado por el pueblo venezolano y con claras intenciones de vivir en el extranjero después de la obtención del título. Tienen cubiertas todas las necesidades, nunca han sufrido cortes de agua ni luz y viven rodeados de productos lujosos en medio de las mayores desigualdades. Esta “protesta” busca desconocer cualquier vía democrática para la obtención del poder político y reclama la necesidad del “linaje” y de la “herencia” para volver a la “normalidad”, a la “paz”. Otra vez Briceño Guerrero lo explica bien:  “las anacrónicas intrigas mantuanas no logran hacer contacto con lo real extraclásico más allá de lo necesario para sobrevivir” (Idem, pág. X)
Por ello, la mayor consecuencia del chavismo como fenómeno electoral, social y militar es que obligó a las élites a aceptar los caminos democráticos por lo que tuvieron que cambiar de estrategia e intentar apropiarse de urgentes y reales demandas populares, lo que le permitió influenciar, rozando el triunfo electoral en abril de 2013, las capas media-bajas que vienen creciendo gracias al ingreso petrolero de los últimos años y al “engordamiento” del Estado como aparato que sublima el Sentido socio-histórico y lo subsume en reivindicaciones laborales e individuales completamente desclasadas y que llevan a formar una clase incluida pero autorregulada y excluyente de las mayorías que no han podido ser incluidas. La Burocracia como clase, con sus propios intereses y nuevos temores.
Pero al culminar el “ciclo democrático” escenario donde han perdido los últimos 15 años, deciden nuevamente intentar el camino insurreccional faltando aún más de dos años para que pueda abrirse un nuevo escenario electoral.
El fracaso “temprano” del camino insurreccional que ocurrió esta semana, permitirá a la “oposición democrática”  que no se sumó a la aventura, reordenar su fuerza, retomar el horizonte del 2016 y “metabolizar” las demandas del sifrinaje como “sujeto único” con relación al resto de la oposición que más bien buscará solidificar su alianza con  sectores populares donde ya han tenido inserción y donde el conflicto de clase ha sido sublimado.
Pero el nuevo fracaso insurreccional también permite al chavismo denunciar al pueblo-Todo las intenciones reales del sifrinaje quien denigra de los sujetos populares, criminaliza toda acción popular que no sume a sus intereses y termina llamando “mono”, “horda”, “marginal” ya no solo al chavismo electoral, sino a los sectores populares que votan por su propuesta electoral. En definitiva, este escenario devela que son los “Amos del Valle” quienes están detrás de las campañas que interpelan el malestar popular.  Las familias Mendoza, Zuloaga, Machado, Capriles, que como nos recordó Domingo Alberto Rangel en el libro la Oligarquía del Dinero algunas son las mismas que vinieron a imponer la compañía Guipuzcoana y  condenaron a “orillarse” a buena parte de los europeos que venían de los sectores excluidos de Europa y de las islas, son los que dirigen las acciones opositoras.  Esos que protestan hoy son la descendencia de las oleadas europeas que culminaron quedándose con las principales riquezas del país por medio del saqueo, la violencia y la explotación; viven en las “zonas urbanizadas” de las ciudades, mantienen viaje constante con los países europeos y norteamericanos, comparten sus “valores culturales” y la principal demanda es que se detenga cualquier intento de “democratización social” y “socialización de las riquezas” con lo cual han respaldado siempre la férrea represión como la de aquel 27 de febrero. Esta demanda tendrán que esconderla los próximos años mientras sus líderes con “linaje” siguen educándose para convencer al Pueblo. 
El chavismo en cambio sufre el riesgo de, diluida la salida insurreccional, fiarse de las instituciones del Estado y sindicatos como el petrolero y perder influencia en el barrio como espacio privilegiado de producción de chavismo, con lo cual dejaría el camino libre, en plena “Guerra Económica”, para la penetración mayor y definitiva de una oposición diseñada con los contenidos populares que hoy a la dirigencia chavista le cuesta territorializar.

Radiografía de la guarimba en Venezuela

La Guarimba en Venezuela, como protesta política es inviable

Los trágicos sucesos ocurridos en Venezuela de estos últimos días, donde acciones vandálicas han cobrado vidas inocentes, así, como, destrozos a la propiedad privada, rememora los acontecimientos de la guarimba del año 2004 y de los hechos violentos de Abril del año pasado cuando por órdenes del entonces candidato presidencial Capriles Radonski, se produjeron 13 muertes violentas de simpatizantes del chavismo. Ninguno de estos hechos violentos obtuvo resultados esperados por sus participantes. Ni Chávez cayó en el 2004, y tampoco Maduro fue deslegitimado como Presidente ganador. Es decir, la meta política que buscaban no la pudieron lograr. Por eso, la guarimba es una acción vandálica que está muy lejos de lograr resultados políticos exitosos, más bien, acercan a quienes apoyan esta clase de vandalismo a un rechazo y ostracismo político.
En Venezuela existe un poder político revolucionario constituido. De 18 elecciones en 15 años, el Chavismo ha obtenido 17 triunfos categóricos. La Asamblea Nacional está compuesta por mayoría chavista y de otras fracciones aliadas del gran polo patriótico. 100 diputados bolivarianos vs 64 de la derecha; Existen 20 gobernaciones bajo el dominio del chavismo y apenas 3 de la derecha; 282 alcaldes socialistas vs 53 de la reacción. Este último resultado también fue un triunfo categórico en números de votos y, lo importante es que fue reciente: 8 de diciembre 2013. Es decir el mapa político de Venezuela es de clara y afirmativa tendencia chavista. Ante esta cruda realidad, la oposición no tiene rasgos de victoria en un intento desestabilizador utilizando como herramienta la desgastada guarimba reaccionaria de la extrema derecha. El formato montado por la oposición ha sido utilizado en otros países, a través de lo conocido como Golpe Suave o Golpe Silencioso, pero esta aplicación ya ha sido desmontada y derrotada en la Venezuela chavista.
La burda estrategia de la oposición, ha sido de instaurar un modelo violento de acción de calles, mezclado con foquismo. Llama la atención que solo 18 municipios son los que hoy están con estas protestas violentas, recordemos que en Venezuela existen 335 municipios, también hay que acotar que en estos 18 municipios operan alcaldes de la derecha reaccionaria. Capriles, Muchacho, Ocariz, Scarano, Cocciola los más activos, han apoyado las acciones violentas, solo cuando se ven disminuidos, por los organismo de seguridad llaman a la paz y a la cordura. Otra característica es que los hechos violentos ocurren en Urbanismo de Clase Media Alta, sin apoyo obrero y popular los mercenarios nocturnos no tienen vida en las barriadas populares.
Las manifestaciones comienzan con marchas pacíficas de estudiantes pequeño burgueses adeptos a los partidos de la oposición, luego en horas de la tarde-noche, comienzan otros grupos entrenados en la onda del paramilitarismo o guerrilla urbana y empieza la acción vandálica, por ahora el modus operandi, es tratar de tener una víctima inocente cada día, para así, no enfriar la calle. Pero, ¿porque estas acciones, mas allá de no tener respaldo militar, y tampoco de la clase obrera y, menos de las clases populares se implementan en el país a sabida cuenta que terminaran en fracaso? Esta respuesta deben contestarla quienes de manera irresponsable alimentan el odio, el racismo del lado opositor. La respuesta la tiene la dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).
La Guarimba concebida en forma de recurso político, para llegar al poder no lleva una acción dialéctica para su éxito. Estos individuos, estudiantes, paramilitares, guerrilla urbana, sicarios etc y, los partidos que la dirigen, incluyendo a gobiernos hostiles,  reconocen, detrás de bastidores que, ese comportamiento, empleando la fuerza como forma de protesta contra el orden social revolucionario establecido, resulta inútil.
En la guarimba no asoma por ningún lado aquello de la chispa que encienda la pradera. Lo que existe es violencia, terrorismo, muerte y desolación, todas estas acciones son anti democráticas. Ninguna persona con cuatro dedos de frente apoyaría este tipo de movimiento inconstitucional. No existe en la guarimba planteamiento político, económico o social alguno. No hay programa de país. Allí aparte de los alambres de púas que sesgan vidas, no hay debate del ¿qué vamos hacer después? Si llegamos al poder. Los estudiantes que desean un cambio de rumbo, u otra forma de gobierno saben muy bien que este solo se da por vía constitucional, sea por referéndum o elecciones en el 2019, no hay otra.
Preocupa mucho que los estudiantes de la pequeña burguesía sean utilizados por los radicales de su misma clase, y que sirvan de instrumentos de su propia destrucción. Lo que tenemos hoy y está confirmado con estas acciones guarimberas, es el afán de lucro que mueve a la burguesía para satisfacer sus instintos consumistas, que utiliza a sus hijos sin importar fatales consecuencias. La pretensión de crear una guerra civil es por el principio fundamental del capitalismo. El Egoísmo.
Las Revoluciones solamente son defenestradas por otras Revoluciones, pero unas guarimbas distan muchos años luz de eso. ¿Por qué? Le falta lo fundamental: las IDEAS.

Chávez y el "socialismo democrático"

¿Está en riesgo la democracia en Venezuela?
Ignacio Ramonet*
La Jornada, 23 febrero de 2014.














En meses recientes ha habido, en Venezuela, cuatro sufragios decisivos: dos votaciones presidenciales, elecciones a gobernadores y comicios municipales. Ganados todos por el bloque de la revolución bolivariana. Ningún resultado ha sido impugnado por las misiones internacionales de observación electoral. El sufragio más reciente tuvo lugar hace apenas dos meses... Y se concluyó por una neta victoria –11.5 por ciento de diferencia– de los chavistas. Desde que Hugo Chávez asumió la presidencia en 1999, todos los comicios muestran que, sociológicamente, el apoyo a la revolución bolivariana es mayoritario.
En América Latina, Chávez fue el primer líder progresista –desde Salvador Allende– que apostó por la vía democrática para llegar al poder. No se entiende lo que es el chavismo, si no se mide su carácter profundamente democrático.
La apuesta de Chávez ayer, y hoy de Nicolás Maduro, es el socialismo democrático. Una democracia no sólo electoral. También económica, social, cultural... En 15 años el chavismo le dio a millones de personas –que por ser pobres no tenían papeles de identidad– el estatuto de ciudadano y les permitió votar. Consagró más de 42 por ciento del presupuesto del Estado a las inversiones sociales. Sacó a 5 millones de personas de la pobreza. Redujo la mortalidad infantil. Erradicó el analfabetismo. Multiplicó por cinco el número de maestros en las escuelas públicas (de 65 mil a 350 mil). Creó 11 nuevas universidades. Concedió pensiones de jubilación a todos los trabajadores (incluso a los informales)... Eso explica el apoyo popular que siempre tuvo Chávez, y las recientes victorias electorales de Nicolás Maduro.
¿Por qué entonces las protestas? No olvidemos que la Venezuela chavista –por poseer las principales reservas de hidrocarburos del planeta– ha sido (y será) siempre objeto de tentativas de desestabilización y de campañas mediáticas sistemáticamente hostiles.
A pesar de haberse unido bajo el liderazgo de Henrique Capriles, la oposición perdió cuatro elecciones succesivas. Frente a ese fracaso, su fracción más derechista, ligada a Estados Unidos y liderada por el ex golpista Leopoldo López, apuesta ahora por un golpe de Estado lento. Y aplica las técnicas del manual de Gene Sharp.
En una primera fase: 1) crear descontento mediante el acaparamiento masivo de productos de primera necesidad; 2) hacer creer en la incompentencia del gobierno; 3) fomentar manifestaciones de descontento, e 4) intensificar el acoso mediático.
Desde el 12 de febrero, los extremistas pasaron a la segunda fase, propiamente insurreccional: 1) ulitizar el descontento de un grupo social (una minoría de estudiantes) para provocar protestas violentas, y arrestos; 2) montar manifestaciones de solidaridad con los detenidos; 3) introducir entre los manifestantes a pistoleros con la misión de provocar víctimas en ambos bandos (la experticia balística determinó que los disparos que mataron en Caracas, el 12 de febrero, al estudiante Bassil Alejandro Dacosta y al chavista Juan Montoya fueron hechos con una misma pistola, una Glock calibre 9 mm); 4) incrementar las protestas y su nivel de violencia; 5) redoblar la acometida mediática, con apoyo de las redes sociales, contra la represión del gobierno; 6) obtener que las grandes instituciones humanitarias condenen al gobierno por uso desmedido de la violencia; 7) conseguir que gobiernos amigos lancen advertencias a las autoridades locales...
En esa etapa estamos.
¿Está entonces en riesgo la democracia en Venezuela? Sí, amenazada, una vez más, por el golpismo de siempre.

*Director de Le Monde diplomatique en español. Acaba de publicar Hugo Chávez. Mi primera vida.

sábado, 22 de febrero de 2014

Todos los golpes antidemocráticos dicen que se producen para defender a la democracia



Miami

Luis Bruschtein

Todos los golpes antidemocráticos dicen que se producen para defender a la democracia. Y todos deponen a gobiernos elegidos democráticamente para instalar otros de facto. Por eso las excusas no son importantes, sino las consecuencias. Para Estados Unidos, cualquier gobierno que no acepte sus políticas para la región es comunista, populista o cualquier otro ista que se pueda inventar. O sea: para Washington no es democrático estar en desacuerdo con sus intereses y en consecuencia cualquier ataque que se le infiera al desobediente estará justificado. No es una elaboración teórica o ideológica sino la historia de América latina. Se sabe que Washington financió la huelga de los camioneros contra Salvador Allende en Chile, y al ejército de los contras en Nicaragua contra los sandinistas. La lista es mucho más larga en esa historia de guerras provocadas, de invasiones y de golpes militares y hasta de asesinatos de dirigentes populares, promovidos, protagonizados o financiados desde Estados Unidos.
Con sus diferencias, los gobiernos que surgieron tras el repliegue del neoliberalismo en la región iniciaron un proceso independiente de integración e intercambio. Son gobiernos que protagonizan a su manera fenómenos masivos de inclusión, desde la Argentina, hasta Ecuador, Uruguay, Bolivia o Brasil y Venezuela. Venezuela era el peor de todos. Con una riqueza petrolera infinita, los venezolanos pobres eran más pobres que los de Arabia Saudita, un país feudal. Los contrastes en los demás países, aunque fuertes, no se comparaban con los de Venezuela. De allí salió el chavismo. Donde más profunda fuera la desigualdad, la polarización necesariamente iba a ser mayor en un proceso que tratara de revertirla.
Hay una regla de hierro en la historia de la región. Cuanto más pujan los gobiernos por la distribución de la riqueza, más lejos los pone Estados Unidos. En cambio, cuanto más hicieran por la concentración de la riqueza, o sea por favorecer a los ricos locales y las grandes empresas, más cerca estaban del poderoso vecino del Norte. La administración menemista fue un ejemplo en Argentina de lo que debe hacer un gobierno para que Estados Unidos lo considere su aliado. Es muy difícil ser amigo de los Estados Unidos si no se trata de un gobierno que favorece a los ricos. Se supone que una cosa es la política interna y otra diferente las relaciones internacionales. Sin embargo, es evidente que hay una ligazón porque varios de los nuevos gobiernos han tratado de concordar con Washington, pero a lo sumo pudieron lograr una relación más bien fría.
La propuesta de los Tratados de Libre Comercio es que cada país de la región comercie de manera unívoca con Estados Unidos. Una especie de embudo. La idea del Mercosur, la Unasur y la Celac es hacer horizontal esas relaciones como una trama y no un embudo y también para que la negociación con las grandes economías no sea tan desigual. Son estrategias que se contradicen y por lo tanto hay una contradicción entre estos procesos de integración y las estrategias de Estados Unidos.
Esas contradicciones tienen puntos de fricción y el más ríspido de todos ellos ha sido Venezuela desde que asumió Hugo Chávez. Estados Unidos importa gran parte del petróleo que consume. Venezuela tiene las reservas de petróleo más importantes del planeta y es el tercer proveedor de los Estados Unidos que, a su vez, es el principal comprador de Venezuela. Esa cantidad de energía –que tiene una proyección mínima de cien años de productividad– puede aportar a los procesos de integración o alimentar a la economía más grande del mundo. En realidad tiene tanto que puede hacer ambas cosas, como sucede ahora. Pero además, el proceso chavista ha sido el más crítico y desafiante para los gobiernos norteamericanos. Todos esos condimentos confluyen en el corazón de un proceso político interno muy polarizado y crispado.
Con el respaldo que tenía, Chávez pudo haber optado por formas de gobierno más autoritarias pero, con todas sus imperfecciones eligió el camino de la democracia, donde gran parte de los medios de comunicación más importantes estuvieron siempre en manos de la oposición, los partidos opositores tienen libertad para organizarse, expresarse y manifestarse y se han realizado ya numerosas elecciones impecables. En una de ellas incluso perdió el chavismo, que lo reconoció sin dudarlo. Hay un Parlamento pluripartidario y funciona un Poder Judicial, aunque es cierto que está atravesado por la misma polarización que afecta a toda la sociedad. Como expresión de esa polarización, gran parte de la clase rica de Venezuela se marchó a Miami. No son exiliados ni perseguidos políticos. Son personas con la suficiente capacidad adquisitiva como para darse el lujo de vivir en Estados Unidos porque no toleran al gobierno de su país. La base de ese éxodo es la intolerancia, el mismo sentimiento perturbador que sustentó el surgimiento de Leopoldo López como representante de los grupos más recalcitrantes de la oposición.
López fue parte de comandos civiles durante el golpe de Estado del 2002 contra Chávez. Como actor civil del golpismo, con chaleco antibalas y acompañado por una patota de simpatizantes, arrancaba de sus domicilios a funcionarios del gobierno de Chávez. López es un acérrimo anticomunista muy ligado a Miami y acusa al gobierno bolivariano de ser una dictadura comunista. “Vamos a salir a la calle para echar a este gobierno”, “no vamos a parar hasta echar a Maduro” fue la convocatoria de López a las marchas que devinieron en violencia.
Cuando una convocatoria no tiene una reivindicación concreta y se da por tiempo indefinido, está provocando una situación de violencia insurreccional golpista. El presidente Nicolás Maduro ganó las elecciones presidenciales del año pasado por una pequeña diferencia –1,5 por ciento, alrededor de 200 mil votos– al candidato Henrique Capriles, quien aglutinó a toda la oposición. Poco tiempo después esa diferencia se amplió a casi diez puntos y más de un millón de votos, en las elecciones municipales. Tras la muerte de Chávez y con una situación económica difícil, el respaldo a Maduro no sólo no fue en descenso, sino que creció. Convocar a su destitución constituye una declaración de fe golpista. López buscó repetir las condiciones que desembocaron en el fracasado golpe del 2002 del que participó como civil aunque ahora sea presentado por la CNN y los grandes medios de comunicación como una persona democrática.
Al igual que en el golpe de 2002, la CNN pasó a tener un rol militante, que traduce al lenguaje del periodismo el discurso de la crispación golpista. La difusora forma parte del dispositivo ideológico creado durante la Guerra Fría por Washington. Una millonaria inversión convirtió a la ciudad de Berlín occidental en una bella vidriera del capitalismo frente a una eternamente destartalada Berlín oriental. Miami fue el paraíso de plástico y consumo que se levantó frente a Cuba. Misteriosamente surgieron grandes fortunas entre los exiliados cubanos y varios de ellos las volcaron en empresas mediáticas y ONG orientadas a América latina. Tras el fin de la Guerra Fría, Miami se convirtió en la Meca de las capas medias latinoamericanas del deme dos y los nuevos ricos. Las aristocracias, en cambio, prefieren a la capital cosmopolita de Nueva York. Pero con el sustrato ultrarreaccionario de la primera camada del exilio cubano, Miami se ha convertido en un faro ideológico para estas capas medias altas, muchas de las cuales se enriquecieron gracias a los gobiernos de los cuales abominan.
Los alineamientos han sido claros. Mercosur, Celac y la Unasur anunciaron su respaldo a las instituciones venezolanas. La mayoría de los países de la Alianza para el Pacífico que tienen tratados de libre comercio con Estados Unidos cuestionaron al presidente Maduro. En Argentina, el gobierno, el peronismo, los movimientos sociales y los sectores de izquierda y centroizquierda que respaldan al kirchnerismo se expresaron en consonancia con la Unasur. La oposición, desde Sergio Massa y el radicalismo hasta el centroizquierda que alguna vez pudo haber simpatizado con el chavismo se expresaron en el mismo tono que la CNN de Miami. O sea en el mismo tono del voto que buscan representar.

El plan golpista en Venezuela

La amenaza fascista





La escalada desestabilizadora que actualmente sufre la Venezuela bolivariana tiene un objetivo no negociable: el derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro. No hay un ápice de interpretación de quien esto escribe en esta afirmación. Fue expresada en reiteradas ocasiones no sólo por los manifestantes de la derecha en las calles sino por sus principales líderes e instigadores locales: Leopoldo López (ex alcalde del municipio de Chacao, en Caracas, y jefe del partido Voluntad Popular) y María Corina Machado, diputada por Súmate a la Asamblea Nacional de Venezuela. En más de una ocasión se refirieron a las intenciones que perseguían con sus protestas utilizando una expresión a la que regularmente apela el Departamento de Estado: “cambio de régimen”, forma amable y eufemística que reemplaza a la desprestigiada “golpe de estado”. Lo que se busca es precisamente eso: un “golpe de estado” que ponga punto final a la experiencia chavista. La invasión a Libia, y el derrocamiento y linchamiento de Muammar El Gadafi son un ejemplo de “cambio de régimen”; hace medio siglo que Estados Unidos está proponiendo sin éxito algo similar para Cuba. Ahora lo están intentando, con todas sus fuerzas, en Venezuela. Esta feroz campaña en contra del gobierno bolivariano –en realidad, un proceso de fascistización de larga data- tiene raíces internas y externas, íntimamente imbricadas y solidarias en un objetivo común: acabar con la pesadilla instaurada por el Comandante Hugo Chávez desde que asumiera la presidencia en 1999. Para Estados Unidos la autodeterminación venezolana afirmada sobre las mayores reservas comprobadas de petróleo del mundo, la derrota del ALCA y los avances de los procesos de integración y unidad en América Latina y el Caribe –la UNASUR, el Mercosur ampliado, la CELAC, Petrocaribe, entre otros- impulsados como nunca antes jamás por el líder bolivariano son desafíos intolerables e inadmisibles, merecedores de un ejemplar escarmiento. Para la oposición interna el chavismo significó el fin de las prebendas y negociados que obtenía por su colaboración con el gobierno de Estados Unidos y las empresas norteamericanas en el saqueo y el pillaje de la renta petrolera, y que encontró en los líderes y organizaciones políticas de la Cuarta República sus socios menores e imprescindibles operadores locales. Tanto Washington como sus peones estaban seguros de que el chavismo no sobreviviría a la desaparición física de su fundador. Pero con las presidenciales del 14 de Abril del 2013 sus esperanzas se esfumaron: Nicolás Maduro prevaleció sobre Henrique Capriles por un porcentaje muy pequeño, pero suficiente e indiscutible, de votos. La respuesta de estos oligarcas travestidos en señeras figuras de la república fue primero desconocer el veredicto de las urnas y luego desatar violentas protestas que cobraron la vida de más de una decena de jóvenes bolivarianos, dejando heridos a unos cien, amén de la destrucción de numerosos edificios y propiedades públicas. Cabe consignar que al día de hoy, diez meses después de las elecciones presidenciales, Washington no ha reconocido formalmente el triunfo de Nicolás Maduro. En cambio, el inverosímil Premio Nobel de la Paz demoró horas en reconocer como triunfador de los comicios presidenciales hondureños del 24 de Noviembre pasado -viciados hasta lo indecible y fraudulentos como muy pocos- al candidato de “la embajada”, Juan O. Hernández. El imperialismo no se equivoca al elegir a sus enemigos: los Castro, Chávez, ahora Maduro, Correa, Morales; y contrariamente a lo que algunos ingenuamente postulan, no existe una derecha que sea “oposición leal” a un gobierno genuinamente de izquierda. Menos aun cuando se trata de una derecha manejada por telecomando desde la Casa Blanca. Si se comporta con lealtad es porque ese gobierno ya fue colonizado por el capital. Pese a la violencia de los militantes de la Mesa de Unidad Democrática que sostenía la candidatura de Capriles el gobierno logró restablecer el orden en las calles. Contribuyeron a ello la clara y enérgica respuesta gubernamental y, además, la certeza que tenía la dirigencia del MUD que las próximas elecciones municipales del 8 de Diciembre -que la derecha caracterizó como un plebiscito- les permitirían derrotar al chavismo para luego exigir la inmediata renuncia de Maduro o, en el peor de los casos, convocar a un referendo revocatorio anticipado sin tener que esperar hasta mediados del 2016 tal como lo establece la Constitución. Pero la jugarreta les salió mal, porque fueron ampliamente derrotados por casi un millón de votos y nueve puntos porcentuales de diferencia.
Atónitos ante lo inesperado del resultado, que por primera vez le ofrecía al gobierno bolivariano la posibilidad de gestionar durante dos años los asuntos públicos y administrar la economía sin tener que involucrarse en virulentas y distractoras campañas electorales, los antichavistas peregrinaron a Washington para redefinir su estrategia en función de las necesidades geopolíticas del imperio y recibir órdenes, dineros y ayudas de todo tipo para sostener su proyecto desestabilizador. Derrotados en las urnas ahora la prioridad inmediata era, como lo exigiera Richard Nixon para el Chile de Salvador Allende en 1970, “hacer chirriar la economía”. De ahí los sabotajes, las campañas de desabastecimientos programados y el desenfreno de la especulación cambiaria (según recomienda en su manual de operaciones el experto de la CIA Eugene Sharp); los ataques en la prensa en donde las mentiras y el terrorismo mediático no conocen límite o escrúpulo moral alguno y, luego, como remate, “calentar la calle” buscando crear una situación similar a la de la ciudad de Bengasi en Libia, capaz de desbaratar por completo la economía y desatar una gravísima crisis de gobernabilidad que tornase inevitable la intervención de alguna potencia amiga, que ya sabemos quién es, para que acudiese en auxilio de los venezolanos para restaurar el orden quebrantado.
Una tras otra todas estas iniciativas terminaron en el fracaso, pero no por ello la derecha abandonará sus propósitos sediciosos. Leopoldo López se acaba de entregar a la justicia y es de esperar que esta le haga caer, a él y a su compinche, María Corina Machado, todo el peso de la ley. Llevan varias muertes sobre sus mochilas y lo peor que le podría pasar a Venezuela sería que el gobierno o la justicia no advirtieran lo que se oculta dentro del huevo de la serpiente. En situaciones como éstas, y ante enemigos como éstos, cualquier intento de “reconciliación nacional” o de “línea blanda” es la segura ruta hacia la propia destrucción. Los fascistas y el imperialismo sólo entienden el lenguaje de la fuerza. López y Machado deberán recibir un castigo ejemplar, siempre dentro del marco de la legalidad vigente, y no deberían descartarse violentas manifestaciones para exigir su inmediata liberación. Tampoco habría que desechar la hipótesis de que, en su desesperación, la derecha pudiese apelar a cualquier recurso, por aberrante que sea. Pero el procesamiento y castigo de los instigadores de tanto derramamiento de sangre no será suficiente para aventar el riesgo de un brutal derrocamiento del gobierno bolivariano; la única garantía estriba en la activa movilización y organización de las masas chavistas para sostener a “su revolución”, con sus muchos aciertos y también sus errores. Eso es lo único que permitirá aventar el peligro de un asalto fascista al poder que pondría sangriento fin a la gesta bolivariana, desencadenando una oleada reaccionaria que reverberaría por todo el continente. De ahí que lo que esté en juego en estas horas no es sólo el futuro de Venezuela sino el de toda Nuestra América.
Atilio A. Boron. Director del PLED, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

lunes, 17 de febrero de 2014

Técnica del "golpe suave"



ESTOS SON LOS 5 PASOS DEL "GOLPE SUAVE"
(QUE EJECUTAN EN ESTE MOMENTO EN VENEZUELA)



El surgimiento de nuevos métodos para tomar el poder han puesto en auge los llamados “golpes suaves” que son mecanismos para derrocar gobiernos de corte progresista en el mundo, a través de la manipulación psicológica de las masas, con la más poderosa herramienta que son los medios de comunicación.

El principal ideólogo del “Golpe suave” se llama Gene Sharp, un político estadounidense conocido por la promoción del derrocamiento de gobiernos por vías no tradicionales y su idea fundamental es que todo gobierno se debe a la obediencia de la gente y si estos no acatan las órdenes, los líderes no tienen poder.

Sharp es autor del ensayo titulado “De la dictadura a la democracia” y también del libro “La política de la acción no violenta” en los que se describen 198 métodos para derrocar gobiernos por medio de los ‘golpes suaves’. Estos métodos son las armas que en la actualidad se usan para derrocar gobiernos sin tener que recurrir a las armas convencionales ya que según el politólogo “la violencia no es tan eficaz”.

Estos golpes son los que están promoviendo en Venezuela sectores políticos de la derecha vinculados a la CIA, por medio de unas medidas que van del ablandamiento institucional hasta la fractura gubernamental.
Los pasos para derrocar los gobiernos serían los siguientes:
Primero: La promoción de factores de malestar y denuncia de corrupción.

Segundo: Campañas en defensa de DD.HH., libertad de prensa y acusaciones de totalitarismo.

Tercero: Reivindicación por demandas políticas y sociales, y toma de instituciones públicas.

Cuarto: Operaciones de guerra psicológica, clima de ingobernabilidad.

Quinto: Desarrollo de una guerra civil prolongada, se prepara la intervención militar extranjera, y se obliga la renuncia del presidente de la República.

Sin embargo, la supuesta “no violencia” que defiende Sharp, sería en términos de Foucault “la guerra invertida en otros medios”, de hecho, el propio Sharp admite que su teoría surge ya que “la naturaleza de la guerra ha cambiado en el siglo XXI”.
Finalmente, la muestra de que esa estrategia de “golpe suave” no deja de ser violenta, se evidencia en las “Revoluciones de colores” de Europa del Este como la de Ucrania, donde han utilizado la metodología de Sharp, dejando como resultado los sanguinarios combates en las calles de Kiev.
LaIguana.TV – Venezuela 19/02/2014